En estos días se vuelve a hablar con pasión de la Ley de Memoria Histórica. Creo que pocos la han leído, ni sus defensores ni sus detractores. En su mayor parte es una buena ley, que no legisla en vacío, sino que viene a complementar las muchas leyes de reparación dictadas en la Transición y sucesivos gobiernos de diverso color. Lo primero que reclama un ciudadano sensible es que los descendientes de las víctimas tienen derecho a enterrar dignamente a su familiar masacrado. Más que cierto. Con esta ley se han localizado cientos de fosas, miles de asesinados. Queda mucho, verdad, pero tan verdad como que se ha avanzado enormemente. La impresión, sin embargo, es que nada se ha hecho, nada se ha reparado. Prevalece la desmemoria. No menos cierto es que algunos buscan no una reparación, sino un ajuste de cuentas, traer al presente los errores del pasado haciendo pasar al PP por heredero del franquismo. Mal camino para la concordia. Otros se preguntan porque no se ha hecho nada en la mayor fosa común de la guerra, la de Paracuellos. Tema sensible. Julián Marías, que vivió en el Madrid Republicano y sirvió a su ejército, decía que su adhesión a la República fue porque la ruptura de la concordia no había procedido de ella, porque los agresores habían sido los sublevados. “Sí, se dirá, pero con motivos. Ciertamente, pero no suficientes, no como para hacer una guerra. Estoy a favor de la República, pero de una manera crítica, con enérgicas restricciones, con inmensa repugnancia a mucho de lo que se hacía en su nombre; y con la evidencia de que al otro lado de las trincheras se hacían cosas equivalentes”. Hoy, comunistas y socialistas se reivindican herederos de una República que también ayudaron a destruir. Prefiero un Pedro Sánchez, futuro Presidente, más parecido a Besteiro que a Negrín. Por el bien del país.

Publicado en Diario de Jerez el 20.07.2015.-

 

 

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