Hace mes y medio que la nueva alcaldesa gobierna en Jerez. El guión de estas primeras semanas es ya un clásico: toma de posición, reparto de parcelas, prudencia con lo prometido en campaña contentando a los propios, algún error de bulto que otro; revisión del estado de las cuentas y la más importante, quejarse con insistencia de la herencia. Cuando algún delegado es preguntado sobre el futuro, la respuesta es “ya se verá” o “lo estamos estudiando”, por supuesto “sin dejar a nadie en la cuneta”. Ya les digo, poca novedad; nada que deba escandalizar. El equipo socialista vive ahora la que será su etapa más dorada de gobierno municipal, pues dentro de poco les vendrán torcidas. Este tiempo de rosas tiene fecha de caducidad. En unos meses, ya no valdrá la excusa de la herencia. Por dos razones: porque aquí no vale aceptarla a beneficio de inventario, y porque nadie les obligó a asumirla. Entonces tendrán que dar respuesta a todo lo prometido reestructurando la deuda y gastando menos de lo que se ingresa; acabando con la malnutrición infantil, atendiendo las 4.000 solicitudes de viviendas sociales, desahucios cero, reducción creíble del paro y la readmisión de la plantilla expulsada por un ERE arbitrario con sus salarios de trámite incluido; una millonada, y sin pedir los ICO que tanto criticaban; ya llevamos uno en la era PSOE. Todo eso con la oposición al acecho, una herida, y la otra desconfiada aunque lo disimule. Si el PSOE abandonara la estrategia del ventilador contra el anterior gobierno municipal y empezara a plantear propuestas realistas, y el PP en la oposición abandonara ese lenguaje agresivo que le acompaña desde ya no nos acordamos cuando, esta ciudad con la colaboración de ambos, aún tendría posibilidad de cimentar la recuperación en esta legislatura. Seguro. No queda margen, ni 100 días.

Publicado en Diario de Jerez el 27.07.2015.-

 

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